Nuestro
Propósito
Queremos dar respuesta a un problema que cada vez pesa más: el aumento del malestar emocional causado por el distanciamiento afectivo en las familias, fruto de las exigencias y cambios sociales y la tecnología que nos distrae del aquí y ahora.
Pero no lo hacemos desde la preocupación o el drama, sino desde un nuevo enfoque lleno de creatividad, juego y conexión emocional, para que cada familia pueda redescubrir la magia de estar junta, crecer unida y sentirse acompañada en el día a día.
¿Quién soy?
Hola, soy Mireia Pallàs, fundadora de La Croqueta Coach Studio. Y también soy una persona curiosa, creativa y multipotencial.
Durante mucho tiempo, mi mayor reto fue mi propia gestión emocional y la gestión del tiempo: dos áreas que me han costado mucho integrar y que, con los años, he convertido en mis grandes aliadas. Hoy son algunas de las herramientas que comparto con quienes acompaño.
Mi formación me ha permitido unir el mundo del arte, el diseño y el bienestar emocional:
- Licenciada en Diseño de Producto (UB). Bellas Artes.
- Máster en Diseño de Producto (ELISAVA).
- Posgrado en Diseño de Interiores Retail (ELISAVA).
- Coach PNL y Practitioner acreditada por la AEPNL.
- Coach Creativa por Gaiki.
- Experta en Gestión Emocional y Mindfulness (IEPP).
- Curso de Neuroarquitectura (Aenad).
Gracias a este recorrido, puedo combinar creatividad, diseño de experiencias y desarrollo personal, ayudando a que cada persona y cada familia encuentre formas nuevas de crecer, fluir y brillar.
Tu proyecto lo haré mío, porque mi propósito es que tengas lo que de verdad necesitas: un espacio donde puedas crear, transformarte y conectar contigo y con los demás desde el amor y la autenticidad.
¿Por qué existe este proyecto?
Todo empezó en una cocina, cada noche, a la hora de la cena.
Yo era una niña, y como en muchas familias por aquel entonces, en casa teníamos problemillas típicos y pequeñas batallas: una discusión con un hermano, una frustración en la escuela, o simplemente el cansancio emocional que nadie sabía cómo nombrar. Pero justo cuando parecía que el día acabaría con tensión o silencio… mi madre hacía algo mágico.
Se inventaba una historia. Y no era cualquier historia: era la historia de una croqueta. Sí, una croqueta.
Cada noche, esa croqueta vivía una aventura diferente, pero misteriosamente parecida a lo que nos había pasado a nosotros ese mismo día. En su relato, la croqueta aprendía a escuchar, a pedir perdón, a calmar su rabia, a reírse de sí misma, o a seguir adelante después de sentirse triste. Todo con humor, ternura y sin juicios.
Yo no lo sabía entonces, pero en ese pequeño ritual se estaban sembrando las bases de algo muy grande. Mi madre me estaba enseñando resiliencia, empatía, autoconciencia... sin manuales, sin terapia, sin discursos largos. Solo con imaginación, amor y creatividad.
Hoy, años después, me doy cuenta de cuánto me dio esa croqueta imaginaria. Poco a poco lo he ido utilizando y evolucionando con estudios de coaching PNL y creativo, ya que me ha tocado adaptarme a los hijos de mi pareja, y he podido comprobar lo importante que es crear esos vínculos para poder estar presente en su vida.
Esos cuentos de la croqueta me ayudaron a crecer con herramientas que no sabía que tenía. Y entonces me pregunto: ¿por qué no ofrecer eso al mundo?
Este proyecto nace de ese recuerdo, de esa semilla emocional. Existe porque creo en un tipo de amor que enseña sin imponer, que guía sin gritar, que transforma sin que el otro se dé cuenta.
Existe porque hay muchas familias que solo necesitan una chispa creativa, un cuento bien contado, un juego con intención, una herramienta accesible… para empezar a sanar, comunicarse y crecer juntos.
Y si una croqueta pudo hacerlo por mí, imagina lo que podemos lograr con libros, talleres, juegos y tecnología pensada desde el corazón.